Dichosos los hombres que tiene espíritu de pobres, porque de ellos es el reino de los cielos, Dichosos los que sufren, porque serán consolados. Dichosos los humildes porque heredarán la tierra prometida. Dichosos los que tiene hambre y sed de la justicia, porque serán satisfechos. Dichosos los compasivos, porque Dios tendrá compasión de ellos. Dichosos los de corazón limpio, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará hijos suyos. Dichosos los perseguidos por hacer lo que es justo, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos ustedes, cuando la gente los insulte o los maltrate, y cuando por causa mía los ataquen con toda clase de mentiras. Mt 5:3-11

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Cátedras

 

Cátedra del 17 de diciembre de 1950

 

(Realizada en el Cerro del Atache en Taxco Guerrero.)

 

 

 

El Ojo de mi divinidad entre vosotros y en esta alba de gracia, desciendo de lo infinito hasta tu humanidad para decirte: el silencio enciérrase en tu mismo interno, porque está en el reino del alma, el cual es invisible para los ojos materiales.

 

Si tú quieres encontrar el silencio del alma, tú mismo debes prepararte, porque recuerda, sólo los puros de corazón pueden entrar en él para que tu voluntad, sea absorbida por mi voluntad divina y así puedas estar en conciencia de santidad y mirar el santo lugar que está todo iluminado y allí puedas contemplar las tablas de la ley, para que las leas bien, porque en ellas están contenidos los veintidós mandamientos que los hombres siempre necesitan.